Tanto se puede creer en el amor como se puede dudar. Si se practica el segundo se vive una vida donde se edifican paredes de protección con el propósito de no ser dañado.
Pero con el tiempo y el aislamiento se da uno cuenta que esos muros que fueron puestos ahí como protección se han convertido en nuestra prisión. Y es precisamente el momento cuando la persona hace una decisión de quedarse ahí y morir o iniciar el camino de la liberación.
Por eso cuando me decían “El día que un hombre te haga temblar sabrás lo que es el amor” estas fueron palabras que muchas veces me habían dicho y que con cinismo las había rechazado. Porque mal entendía esa idea por eso desperdicié tantas oportunidades de ser amada. O quizás no quería poner tanta responsabilidad en un ser humano.
Y ahora esa frase redundaba en mi mente mientras mi cuerpo incontrolablemente se sacudía. De tanta fuerza que no me podía parar y sentía que todo me daba vuelta y pensaba desmayar. Momentos tan venerables donde sentí completamente desnuda mi alma la que con celo siempre he cuidado.
“Alma mía te he traicionado perdóname te lo suplico”.
“No te puedo prometer que jamás volverá a suceder porque es una promesa que no puedo cumplir.”
No hay comentarios:
Publicar un comentario