Cada día, vemos con mayor tristeza y frecuencia, que las parejas jóvenes deciden: separarse, o darse una tregua para finalmente terminar cada quien por su lado.
Desafortunadamente los jóvenes de hoy en día se casan con la mentalidad de que sea por un tiempo determinado y no con la plena conciencia de que un matrimonio debe ser para toda la vida como en los tiempos de nuestros tatarabuelos, bisabuelos e incluso de nuestros padres.
El que el matrimonio sea una institución para toda la vida ha dejado de funcionar, ya que los hombres de ahora desean seguir teniendo su libertad, para irse con los amigos, tomar hasta emborracharse, son irresponsables en cuanto a proveer lo necesario para el hogar o bien muchos de ellos no pueden cortarse el cordón umbilical en relación a los padres, pues prevalece la obediencia a estos antes que darle el lugar que le corresponde a su mujer.
En lo que respecta a las mujeres, desean realizarse profesionalmente, ya sea como ejecutivas, vendedoras estrellas, abogadas brillantes, etc, y no les agrada la idea de destacar como expertas en cocina, ni como eficientes limpiadoras de baños, ahora sus expectativas son trabajar fuera del hogar y ganar dinero, incluso aún más que el marido.
Por esto los divorcios se están convirtiendo en una plaga ya que los jóvenes no desean luchar por conservar la familia, y mucho menos hacerse 100 % responsables de la misma.
Lo lamentable en esto, es cuando los hijos están de por medio, ya que al decidir separarse los padres los únicos que terminan perjudicados son los pequeños.
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